martes, 16 de marzo de 2010
Las increibles aventuras del señor tijeras
Escondido atrás de su escritorio gris un ser bajo, pequeño, correcto y gentil, atiende los telefonos y nunca está, mira a su secretaria imaginándola desnuda y en su cama, y vuelve a trabajar. Entra en el microcine y toma ubicación hace gestos y habla sin definición, se va con la película hasta su hogar, le da un beso a su esposa y se vuelve a encerrar a oscuras y en su sala de cuidar la moral. Entra ella y se va desvistiendo, lentamente y casi sonriendo alta, blanca, algo exuberante, dice: "Hola" y camina hacia adelante. Mira al hombre pequeño que se raya cuando ella sale de la pantalla. Y el hombre la acuesta sobre la alfombra, la toca y la besa, pero no la nombra. Se contiene, suda y después, con sus tijeras plateadas, recorta su cuerpo, le corta su pelo, deforma su cara, y así rutilada la lleva cargada hasta la pantalla justo a la mañana. No conozco tu nombre ni se más quien sos, vi tu nombre en el diario y nadie te vio, la pantalla que sangra ya nos dice adiós. Te veré en 20 años en televisión, cortada y aburrida, a todo color a todo color a todo color.
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